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Laguna escondida

 


Marcela una mujer artista, de 45 años,  ella vivía con su perro en medio de la montaña, solía ir casi todas las semanas a una laguna escondida en lo alto de la montaña, le gustaba desayunar allí  con su perro Tango.

Un día a Marcela se le ocurrió, que le dejaría comida en la laguna en forma de ofrenda, ya que para ella este era su lugar secreto y sagrado. Así que le dejaba manzanas, uvas o fresas, algunas veces hasta compartía sus cuentos y poemas a la laguna a quien llamaba Cristal.

Cristal se convirtió en su lugar favorito, también era para ella un personaje de sus cuentos.  Ella sentía una conexión profunda con Cristal.

Una mañana en que llego Marcela a la laguna y se encontró con una sorpresa, había en ramo de flores. Al verlo, su corazón se aceleró, sintió tanto miedo que lo primero que pensó era que alguien la seguía. Busco por todos los lados, pero Tango no sentía lo mismo, el perro simplemente se acostó a observarla. Ella al ver la reacción de su perro se dio cuenta que no podía haber nadie allí. Pero igual no dejaba de pensar quien ponía las flores, o para quien serían. Ese día no comió y decidió volver a casa.

A la semana siguiente regreso con algo de temor, cuando llego a la laguna ya no vio flores, eso la tranquilizo un poco, se sentó a desayunar y cuando estaba terminando, escucho una canción muy hermosa que provenía del fondo de la laguna, esto la volvió a inquietar, se levantó con rapidez, miraba por todo los lados y no entendía que pasaba. Así que decidió salir corriendo del lugar.

Marcela no sabía qué hacer, no tenía a quien contarle lo que sucedía y tenía miedo de volver allí, su perro se enfermó y tampoco le quería caminar. Pasaron varias semanas cuando decidió volver. Esta vez no sentía la misma emoción de antes, quería descubrir que era lo que pasaba,  por algún momento pensó que se estaba enloqueciendo.

De nuevo volvió a la laguna, había una lluvia torrencial, ella y su perro se quedaron bajo una roca. El lugar estaba solo y no vio nada extraño. Contemplando el paisaje quedo dormida y en ese sueño profundo, se encontró con una hermosa niña vestida de blanco, esta pequeña solo quería jugar, su rostro brillaba con su sonrisa y comenzó a cantar. 

Marcela de inmediato reconoció esa voz y ahí supo que era la canción de la laguna. La niña la miro con tanto amor, que ella solo la abrazo y con ese abrazo despertó.


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